El coleccionista
Uno de los grandes problemas de Umberto Eco es mostrar cómo funciona el heteróclito mundo de la cultura. En El vértigo de las listas llama la atención sobre las listas a las que considera vehículos de códigos culturales y portadoras de mensajes. Su curiosidad no conoce límites: desde herbolarios hasta cromos, desde bellos rostros hasta monstruosos cuerpos.
El ensayo La búsqueda de la lengua perfecta nos entrega una suerte de historia de una de las utopías más fuertes de la historia de la cultura. La lengua madre no era una lengua única, sino el conjunto de todas las lenguas. Quizá Adán no tuvo ese don, tan sólo se le habían prometido y legó a sus hijos la herencia de “ganarse el pleno y armónico señorío de la Torre de Babel”. Eco parece haberse propuesto catalogar esa herencia, encontrar el modelo de funcionamiento de la lengua y la cultura.
Sus ficciones se desplazan entre espacios diseñados en detalle -abadías, mapas, torres, péndulos pero sobre todo libros. Bibliotecas y librerías pueblan las páginas de sus profusos libros. Una de las metáforas más acabadas está en El nombre de la rosa. El título evoca el poema de Borges y la afirmación de Platón. El relato de Adso de Melk vincula el scriptorioum y la biblioteca. Uno abierto, el otro controlado por Jorge de Burgos. Una reescritura del laberinto y la biblioteca de Borges.
Mezclar el mundo
Eco está obsesionado por las máquinas, como Guillermo de Baskerville: “son producto del arte, que imita a la naturaleza, capaces de reproducir, no ya las meras formas de esta última, sino su modo mismo de actuar”. El mundo nos habla a través de ella. Pero no hay máquina más perfecta que el libro. Nos dice “estamos tratando de comprender algo que ha sucedido entre hombres que viven entre los libros, con los libros, de los libros, y, por tanto, también es importante lo que dicen sobre los libros”. La biblioteca es “el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo”. Aunque esté como la de Adso “hecha de fragmentos, citas, periodos incompletos, muñones de libros”. En su escritura Eco reivindica la primacía de la lectura. En El péndulo de Foucault el personaje dice “Mezclar las letras del Libro significa mezclar el mundo”.
En todas sus obras las colecciones ocupan un lugar central. Hablando de Borges, el escritor plantea: “No estamos nunca ante el azar, o el hado, estamos siempre dentro de una trama (cósmica o situacional) pensada por otra Mente según una lógica fantástica que es la lógica de la Biblioteca”. El mundo está ahí para ser leído y Umberto Eco fue uno de esos maestros que nos enseñaron a comprenderlo.
(C) LA GACETA
Carmen Perilli - Doctora en Letras, profesora emérita de la UNT.
ENTREVISTA A UMBERTO ECO
“Número Cero es una historia sobre los
límites de la información periodística”
Esta entrevista fue publicada originalmente en 2015. El autor habla sobre Número Cero, la última novela que publicó en vida. Número Cero plantea una crítica a los medios dedicados a la difamación y también a una sociedad que fracasa en la construcción de una nación. “Creo que subyace la idea de una nación y de un estado incapaz de funcionar con eficacia”, afirma el escritor.
Por Cristiana Zanetto
Para LA GACETA - MILÁN
“Todas mis novelas fueron como sinfonías de Malher. Esta última, yo diría, es más parecida a una composición de Charlie Parker”. Umberto Eco irrumpe con esta frase en el encuentro que tenemos en Milán, en la sede del diario Corriere della Sera, para hablar de su último trabajo que, enviado a imprimir en enero, ya está a la cabeza de ventas en las librerías italianas. La referencia a Charlie Parker está referida al hecho de que la nueva novela es de solamente 200 páginas, cuestión extraña si pensamos en la extensión de sus otras creaciones.
“Las novelas terminan cuando ellas lo deciden -agrega -; yo sigo a mis personajes como los perros que buscan los hongos tartufos. Y cuando mis personajes no tienen más que decirme, yo concluyo”.
Número Cero es el relato de una Italia contemporánea con sus aspectos inquietantes, con los ritos misteriosos del poder, los atentados impunes, los robos, la corrupción, la política que, cada vez más, se ha convertido en un negocio.
- En Número Cero hay una mirada sobre los mecanismos de la comunicación cuya finalidad no es la de informar sino la de anestesiar al público a través del chisme directamente político. Y no solo.
- No quise escribir un tratado sobre el periodismo en general. He insistido sobre una particular forma de redacción periodística que forma parte de la llamada “máquina del barro”. Sin embargo, desde hace más de 40 años sigo reflexionando y discutiendo sobre los límites y las posibilidades del periodismo. En esta novela he usado una gran cantidad de argumentos que ya había utilizado en una polémica con Piero Ottone (director del Corriere della Sera entre 1972 y 1997) sobre la posibilidad de separar los hechos de la reflexión. Número Cero es una historia sobre los límites de la información periodística. He diseñado un caso extremo para dar una imagen grotesca sobre ese mundo. Agrego que, sin embargo, el mecanismo de la insinuación fue abundantemente usado en los tiempos de la Inquisición.
- Se ha discutido mucho, en estos últimos 20 años, sobre la transformación de la información durante el gobierno de Berlusconi. Muchas veces me pregunto, como periodista, si de verdad el ex primer ministro ha cambiado todo o si solamente ha empeorado el estado ya existente de la situación.
- Antes existían también las instituciones de la “máquina del barro” pero jamás se había pensado en usar un diario de importancia para ponerla en práctica. Por ejemplo, en los años 50 el hijo de un ministro demócrata cristiano se vio involucrado en una orgía que terminó con la muerte de una muchacha (el famoso caso Montesi). La “máquina del barro” se activó por parte de los adversarios internos del propio partido del ministro para destruirlo. Pero todo ello se desarrolló en sordina, detrás de la escena. Hoy, en cambio, se expone la cuestión en el espacio público y en los medios más importantes y respetables.
- Volviendo a la novela, la impresión es que en Italia el proyecto de construcción de una nación ha fracasado.
- Repito que este país ha atravesado momentos en los cuales han sucedido cosas increíbles que no han importado a la mayoría de la población. Tal situación de indiferencia se acrecienta en la actualidad cuando la necesidad principal es la de sobrevivir económicamente, encontrar un trabajo, o no perderlo, y en donde se ha perdido la sensación de bienestar a la cual nos habíamos acostumbrado desde el boom económico de los años 60 hasta el comienzo de los años 2000. Pensándolo bien creo que subyace la idea de una nación y de un estado incapaz de funcionar con eficacia. Pienso que desde la unificación de Italia, en 1861, este país ha vivido en una constante ambigüedad, en un espacio que no es ni una cosa ni la otra. En este sentido, ha fracasado la idea de un estado unificado que garantice, por ejemplo, la igualdad entre sus regiones.
- Número Cero comienza en 1992, año del inicio de la investigación judicial llamada “Mani Pulite”, que llevó a la cárcel a muchos políticos del momento, pero la novela “retrocede” hasta la época final del fascismo y abarca una significativa parte de la historia italiana del siglo XX. Uno de sus personajes habla de hechos reales: los atentados de Plaza Fontana, en Milán, y de Plaza della Loggia, en Brescia, es decir, hechos ocurridos en los años 70 y promovidos por facciones terroristas. Parece que escribiendo esta novela le ha sucedido algo extraño a Umberto Eco.
- Me ocurrió que no me había dado cuenta de inmediato que estaba trazando un retrato de este país. No era esta mi intención. Es que, como decía, los personajes te obligan a hacerles hacer cosas que ni siquiera había pensado. Uno les da una “pequeña cabeza inicial” pero ellos, después, crecen por su propia cuenta y piensan de manera independiente de su creador. El libro es siempre más inteligente que su autor. Escribiendo uno no sabe muy bien en qué dirección está andando. La novela va por sí misma.
- El nuevo libro parte de una hipótesis bastante extraña: Mussolini no fue fusilado cerca del lago de Como, ha continuado actuando en la sombra y es el origen de todos los males italianos.
- He partido de un hecho real. El Duce escapa de Milán y se dirige hacia Como en donde lo espera su familia. Él no quiere encontrarla. Me pregunté: ¿Por qué? En este punto he dejado que la fantasía de mi personaje, que es un adicto a la teoría de los complots, se desborde y entonces imagina que la muerte del Papa Luciani, Juan Pablo I, depende del hecho de que Mussolini no haya muerto fusilado.
- La idea del complot está muy de moda y no tiene confines geográficos. Desde el atentando de las Torres Gemelas en adelante hemos leído y escuchado sobre muchos complots que explicarían algunos hechos importantes.
- Porque la información periodística carece cada vez más de verdaderas investigaciones. Una investigación periodística seria cuesta tiempo y dinero. En la actualidad no hay tiempo para verificar las noticias o para hacer una búsqueda profunda. Existe el miedo de que sean las redes sociales, como Twitter o Facebook, las que se anticipen en dar la noticia. Si yo, como periodista, realizo una investigación seria sobre un tema determinado, verificando las fuentes, corroborando los datos, etc., - en síntesis, si ejerzo mi verdadera profesión- el lector no tendrá la tentación de pensar que detrás de los hechos investigados hay un complot.
-Me viene de pensar que también los intelectuales son víctimas de la “sociedad líquida” que decribe Zigmunt Bauman.
- Ahora no nos queda otra posibilidad que dejar nuestro mensaje en una botella. ¡Se deberían fundar más fábricas de botellas! Yo sólo he escrito una novela que es, hoy, como arrojar una botella al mar con un mensaje. Pareciera que no se pueda hacer más en una sociedad que ha licuado la noción misma del accionar político.
(c) LA GACETA
*Publicada en LA GACETA Literaria en marzo de 2015.
Perfil
Umberto Eco nació en Alessandria, en 1932, y murió en Mulán, en 2016. Obtuvo su doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Turín. Desde 1971 fue profesor de Semiótica en la Universidad de Bolonia y uno de sus mayores especialistas a nivel mundial. Con la publicación de El nombre de la rosa (1980), llevada al cine por Jean-Jacques Annaud, se convirtió en uno de los novelistas más leídos del mundo. Se vendieron más de 15 millones de ejemplares de la novela, fue elegida por el diario Le Monde como uno de los “100 libros del siglo” y su autor recibió innumerables premios. Otras de sus novelas son El péndulo de Foucault (1988), Baudolino (2000) y El cementerio de Praga (2010). Fue autor de más de 50 ensayos, profesor honoris causa de 38 universidades y candidato habitual al Nobel de Literatura.